¿QUE HICIMOS CON NUESTROS HIJOS?
Ningún padre o madre, se ha puesto a pensar que hicimos con nuestros hijos, se escucha drástico o fuerte este cuestionamiento, pero la realidad es que ningún padre de familia tiene la respuesta, se cree que al concebir un hijo ya estamos adiestrados para guiarlos para hacerlos hombres y mujeres de bien, el alimentarlo, vestirlo, cuidarlo, protegerlo y lo más difícil educarlo en los valores con nuestras acciones y comportamiento.
Generaciones tras generaciones, se habla de educación, de valores, de los derechos y obligaciones con que cuentan nuestros hijos, algunos dicen que estas condiciones se obtiene de la casa, otros de los maestros y que la vida es la mejor escuela, la experiencia dice, que debe de existir libertad, no libertinaje, debe de haber obligaciones, así como derechos, que deben de haber correctivos, siempre y cuando no caigan en maltrato físico, psicológico y emocional.
Los hijos son reflejo de lo que los padres somos y de cómo los educamos, es preciso mencionar que se salvan algunos casos en cuanto a hijos, que a pesar de ser víctimas de actos inconscientes de comportamientos erróneos de los padres, sobrellevan una vida normal, todo inicia desde el nacimiento del primer hijo, los padres le dedican todo el tiempo en atención, sustento, comida, vestido, juegos, y lo principal tiempo de convivencia, se les festeja todas las gracias que hacen, cuando llega el segundo o más hijos, inicia un cambio, de comportamiento en los padres, el tiempo se divide en más necesidades, más actividades, más gastos y por consecuencia más trabajo, mas cansancio, todo eso merma en tiempo de convivencia con los hijos, e inicia un paulatino rompimiento en convivencia entre la pareja, llegando algunos padres (Papá o Mamá) a sentir celos de los hijos por la atención prestada por alguno de ellos con los hijos.
Es muy complejo el ser padre de familia, engloba una similitud a una empresa, donde se trabaja en la mayoría de los casos, de una manera abusiva por parte de uno de ellos, en donde el patrón deja todo el trabajo al los empleados, en algunos casos uno de ellos realiza el cuidado de los hijos, la limpieza del hogar, la administración del dinero, la elaboración de alimentos, el aseo de ropa, etc., y el que funge como proveedor económico pocas veces participa en las actividades del hogar, y así lo hizo costumbre la sociedad, sin saber que estas acciones genero frustraciones, enojos, cansancio y conflictos de pareja, por no llegar a un acuerdo inicial en la repartición de responsabilidades en el hogar, y cuando pasa tiempo se agudiza potencialmente, teniendo otra consecuencia mayor, que inconsciente o consiente hacemos participes a nuestros hijos de los problemas que son solo de parejas, y lo que inicio como un hogar seguro para el desarrollo armónico de nuestros hijos, se convierte en un campo de batalla, de una guerra que no es de los hijos pero se encuentra en el fuego cruzado de los padres, y cuando existe simpatía por uno de los conyugues los hijos recurren a aliarse con el que más confianza o afecto o convivencia tienen, es este el momento cuando los hijos comienzan a ver que no todo es color de rosa, su carácter se modifica de acuerdo a las circunstancias, si es hostil el ambiente familiar, los hijos se vuelven agresivos, inseguros, rebeldes, serios, menos participativos, desobedientes, llorones, tristes, tímidos, se aíslan, etc., y cuando el ambiente se torna armónico, el autoestima se eleva, son seguros, felices, participativos, activos, mejores estudiantes, hijos estables emocionalmente, etc..
Por tal causa, la edad en que nuestros hijos inician con la formación de su carácter y comportamiento no está definida, más bien depende del trato de vida que adquieren en cualquier etapa de su desarrollo, de niñez, de la adolescencia o bien en la etapa de adulto. Por eso es de suma importancia cubrir en cualquiera de las etapas, las necesidades básicas para ser feliz tales como.
1) El agradecer: la importancia de mantener un estado de gratitud con nosotros mismos y con nuestro entorno, nos hace mejorar nuestra autoestima, autoconfianza y motivación y, con ello, nos mantiene conscientes y claros respecto de nuestro poder interno.
3) Ser flexible y tolerante: Ser conscientes que todo lo que la vida no nos da es pasajero y puede cambiar en un segundo, y siempre se dan diferentes resultados, muchos de ellos corresponden al logro de lo que deseamos y otros a aquello que necesitamos para aprender grandes lecciones y aceptar nuestras vivencias cotidianas como oportunidades de crecimiento permanente.
4) Vivir y disfrutar el momento: Darnos cuenta que nuestro paso por esta vida es breve y siempre tener este momento para reflexionar y aprender de nuestros fracasos y disfrutar de nuestros logros y de la naturaleza.
5) Ser generoso: Salir de nuestros dramas personales y enfocarnos en dar a los demás, desde dar un consejo a ayudar genuinamente a quienes lo necesitan, nos permite aumentar nuestra perspectiva de las cosas y darnos cuenta que la felicidad se encuentra, muchas veces, en las cosas más sencillas que la vida nos ofrece.
Como padres, tenemos en nuestras manos el transformar nuestra vida y la de nuestros hijos, realizando lo que ya todos sabemos, pero por nuestras ocupaciones, trabajo o bien por distracción dejamos de hacer, es válido detener el paso en el camino para analizar, ver el rumbo que llevan nuestros hijos, tomarlos de la mano y retomar acciones para hacer que nuestros hijos transformen su vida y su entorno más feliz.
Saludos
Ing. Jorge A. Valdés González
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