sábado, 16 de marzo de 2013




EL DÍA EN QUE SENTÍ MIEDO

Hoy en México existe un ambiente de impotencia, dolor, tristeza y muerte; debido a la ola de violencia que se ha desatado en todos los rincones del país, ya se cuenta por miles las familias que han sido víctimas de violencia, extorsión, secuestros y muerte, el crimen organizado ha hecho suya a la población y tiene sometido a base de amenazas y sobornos al gobierno a todos los niveles.

Esta situación, ha transformado el ambiente de tranquilidad que existía en las ciudades y pueblos de México, donde las familias poco a poco están adaptando estados de toque de queda con los integrantes de su familia y más cuando se trata de sus hijos adolescentes  que decir de los empresarios grandes o pequeños, que han sufrido secuestros y extorsiones al grado de perder su patrimonio que con esfuerzo fue formado.

Todo este fenómeno de la delincuencia organizada, se debe a que la sociedad y las autoridades dejaron de hacer su función, la de formar hombres de bien como lo marca la constitución, las familias y el gobierno dejaron de vigilar, supervisar y valorar la educación que adquiría el pueblo en las escuelas, y en el hogar los padres fueron convertidos en proveedores y no formadores, labor que desde mis abuelos y padres fue ejercida con carácter, encontrando argumentos y justificaciones que dan los padres de familia, que la economía familiar obligo a trabajar a los dos pilares de la familia, que el cambio de educación donde quitaron el civismo de las escuelas primaria y secundarias, que los programas de televisión son violentos, que los derechos de los niños, que las amistades, que los maestros no hacen su labor, que los padres y abuelos complacientes, etc., en fin argumentos que culpan a todos y a nadie, pero lo real es que generaciones de jóvenes, crecen sin valores, sin responsabilidad y sin el respeto hacia los demás, esto sumado a la ausencia de oportunidades para desarrollarse productivamente, ha ocasionado un fenómeno denominado NINIS (Ni Estudian, Ni Trabajan), además de poco talento y nula intención para buscar oportunidades de empleo, son blanco fácil de ser atrapados en las garras de las adicciones y de la delincuencia organizada.

El combate a la delincuencia organizada lleva ya varios años con resultados poco favorables, debido a que se han infiltrado estas células delictivas a todos los niveles gubernamentales, por lo cual se vuelve difícil llegar a combatirlas, aun con la implementación de acciones por parte del gobierno con resultados de las detenciones de cabecillas de algunos grupos de la delincuencia, no ha bajado el índice delictivo, pareciera que al detener algún jefe de los delincuentes, inmediatamente es sustituido por el segundo al mando.

El crimen organizado está adoptando nuevas estrategias de operación, y los jóvenes con poca aspiración al estudio, son blanco perfecto para el ingreso a sus filas, haciendo de ellos integrantes de bajo rango y de acuerdo al número de asesinatos y a lo sanguinario que puedan llegar a ser, son ascendidos en poco tiempo, es por eso que debido a la competencia por el ascenso la forma de dar muerte a sus víctimas se vuelve sanguinaria y cruel.

Hoy es el día en que sentí miedo, miedo de no tener el valor de levantar la voz y hacer algo que pare la violencia que afecta a todos, miedo a que nadie se atreva a apoyar una iniciativa en contra de la delincuencia, miedo a que el gobierno esté sometido por grupos del crimen organizado, miedo a que los encargados de proteger y salvaguardar al pueblo no puedan dar paz social, miedo a que gente de mi pueblo este involucrados con el crimen y secuestros, miedo de ver a nuestro poder judicial libere deliberadamente a los culpables, miedo a ser víctima de un robo o secuestro, miedo que los encargados de difundir las noticias de inseguridad social callen su voz por ser víctimas de amenazas, miedo de que el pueblo no reaccione al ver delincuentes disfrazados de pueblo, se levanten en armas para impedir que autoridades lleven a cabo sus funciones como les marca la ley.

Es tiempo de que las autoridades y el pueblo mexicano, en especial los jóvenes, retomen los valores universales de la sociedad, tales como el respeto, la honestidad, la solidaridad, la puntualidad, la responsabilidad, trabajar en equipo, el servicio a los demás aunado a un cambio de actitud positiva, para que entre todos los mexicanos saquemos del bache de inseguridad en que se encuentra nuestro país, que por nuestro miedo, conformismo y pesimismo, hemos provocado ser secuestrados en nuestros propios temores.  

Saludos.

Jorge A. Valdés González

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